
JEFFERSON CITY, Missouri — La primaria de Missouri el pasado martes atrajo una participación que las propias autoridades electorales calificaron de excepcional para una elección sin una contienda estatal de alto perfil, impulsada casi en su totalidad por dos enmiendas constitucionales que terminaron siendo aplastadas en las urnas. El resultado dejó tanto pistas como ambigüedades sobre lo que podría ocurrir en noviembre.
Cuánta gente votó, en contexto
El secretario de Estado, Denny Hoskins, había proyectado antes de la elección que hasta 1.4 millones de personas votarían, cerca del 32% de los votantes registrados, lo que de cumplirse representaría la mayor participación en una primaria desde 2004. Aquella elección de 2004 combinó una enmienda para prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo con una histórica derrota del entonces gobernador Bob Holden en la primaria de su propio partido, el único caso de este tipo en la historia del estado.
La comparación con ciclos recientes es reveladora. En la primaria de 2022 —con una disputada contienda republicana al Senado de EE.UU. pero sin una enmienda de peso en la boleta— la participación real fue de apenas 24%, 1 millón de votantes, muy por debajo de lo que las propias autoridades habían anticipado ese año. En 2018, en cambio, un referendo sobre la ley de «derecho al trabajo» (right-to-work) atrajo a 1.4 millones de votantes sin que hubiera primarias de candidatos destacadas. El patrón se repite: en Missouri, son las preguntas de boleta —no los candidatos— las que sacan a la gente a votar en años de elecciones intermedias.
Los reportes de votación anticipada respaldaron la proyección de Hoskins. En los condados de Boone, Greene y St. Charles, el número de personas que había votado antes del día de la elección superó ya los totales de votación anticipada de toda la primaria de 2024. El día de la elección, la participación en el condado de Boone superó el 20% hacia la 1 p.m., y se estimaba en torno al 35% al cierre de las urnas, aunque la cifra final oficial —para Boone y para el estado en conjunto— seguía pendiente de certificación al momento de esta publicación.
Casi 40 millones de dólares se gastaron solo en las campañas en torno a las enmiendas 4 y 5, una cifra que por sí sola explica buena parte del interés. En varios de los condados con mayor participación, una porción inusualmente alta de votantes pidió boletas no partidistas —es decir, sin elegir una primaria de partido, solo para votar las preguntas de la boleta—, una señal que los propios administradores electorales interpretaron como muestra de un alto interés en las enmiendas o, alternativamente, de un creciente desencanto con los partidos políticos.
Las sorpresas de la noche
El margen de derrota de las enmiendas 4 y 5 fue más contundente de lo que sugerían las encuestas previas. La Enmienda 4 perdió por unos 60 puntos porcentuales y la Enmienda 5 por 67 puntos, según reportó la autoridad electoral, en una votación que unió, en los hechos, a una coalición inusual: agentes inmobiliarios, grupos de izquierda y activistas conservadores coincidieron en rechazar tanto el fin del impuesto sobre la renta como el endurecimiento de las iniciativas populares. Se trató de una derrota clara para una de las prioridades centrales del gobernador republicano Mike Kehoe, quien insistió la noche del martes en que el esfuerzo por eliminar el impuesto sobre la renta no ha terminado.
La segunda sorpresa se dio dentro del propio Partido Republicano. El senador estatal Curtis Trent, aspirante a convertirse en líder de la mayoría en el Senado estatal y uno de los patrocinadores de la Enmienda 5, perdió su primaria en el Distrito 20 frente a la abogada de Springfield Lori Rook, quien se impuso 53% (16,528 votos) a 47% (14,639 votos), pese a una ventaja financiera sustancial y el respaldo del establishment republicano, según reportaron KY3 y Springfield Daily Citizen. Rook lo acusó de haberse desconectado del distrito por sus vínculos con cabilderos y comités de acción política.
El resultado, sin embargo, no ofreció un veredicto uniforme sobre la Enmienda 5 en otras primarias legislativas. En el noreste del estado, el representante estatal Greg Sharpe —uno de los pocos republicanos en la Cámara que votó sistemáticamente contra la Enmienda 5— ganó una primaria de tres candidatos con 47% de los votos, según Muddy River News. Mientras tanto, legisladores que respaldaron la enmienda, como el presidente de la Cámara, Jon Patterson, también ganaron con comodidad sus propias primarias. La conclusión es que el tema seguirá dividiendo al caucus republicano de cara a la sesión legislativa de 2027, más que haber quedado resuelto en las urnas.
La tercera señal, quizás la más relevante de cara a noviembre, tiene que ver con la redistribución de distritos que la legislatura republicana aprobó a solicitud del presidente Donald Trump. El mapa buscaba convertir el Distrito 5 —representado por el demócrata Emanuel Cleaver II— en territorio favorable a los republicanos, algo que en principio logró: el legislador estatal Rick Brattin, respaldado por Trump, ganó la nominación republicana el martes para enfrentar a Cleaver en noviembre. Pero el mismo rediseño tuvo un efecto secundario: el Distrito 4, antes un bastión republicano seguro, absorbió una porción más demócrata de Kansas City y pasó de una ventaja republicana de 23 puntos a solo 10. Eso convierte la contienda entre el representante Mark Alford y el demócrata Jordan Herrera en una carrera a vigilar en noviembre, en un mapa que los republicanos diseñaron pensando en protegerse, no en crear nuevas oportunidades demócratas.
Finalmente, la contundente victoria del representante Wesley Bell sobre la exrepresentante Cori Bush —59.2% a 36.9%, confirma que el respaldo financiero de grupos como el Comité Estadounidense de Asuntos Públicos Israelíes sigue siendo decisivo en primarias demócratas donde enfrenta a la llamada ala progresista del partido, una dinámica que ya se había observado en otros distritos del país en 2024.
En conjunto, la noche del martes ofreció más preguntas que certezas sobre noviembre: una repudiación bipartidista a las prioridades fiscales de la cúpula republicana estatal, una fractura interna republicana sin resolver, y un mapa congresional que, pese a estar diseñado para proteger a los republicanos, dejó al menos un distrito —el cuarto— más competitivo de lo previsto.




